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  “Si la casa se quema, el adulto no debe quemarse también…”


 

¿Qué queremos decir con ello?

La casa representa todo lo que el niño ha perdido: objetos, rutinas y lugares seguros. Necesitamos para ello que en ese incendio el adulto que está a su lado no se pierda también. Ese adulto es su anclaje y si eso se pierde, los dos caerán en más incertidumbre, angustia y desesperación.

Si el adulto puede poner nombre a las cosas, puede sostener, puede estar, el niño no se pierde a sí mismo. El no necesita que le expliquen el fuego, el solo necesita que le hagan sentir que no todo se perdió.


"¿Cuáles son las pérdidas mas significativas que experimenta un niño en un incendio?


Objetos: Como por ejemplo, la bicicleta, la cama, los juguetes, sus libros.

Personas: Si el adulto que debe acompañar no está presente conteniéndolo, siente que pierde seguridad y se instala la sensación de que :“ ya nadie me protege”.

Rutinas: Al perder sus horarios, sus espacios seguros, los hábitos cotidianos y esto genera desorientación y sensación de caos, miedos.


¿Qué debería entonces hacer el adulto?”

Si no deseamos que el niños se pierda en su dolor debemos ser capaces de:

  • Nombrar con palabras simples lo que ha pasado.

  • Sostener acompañar físicamente y emocionalmente al niño, sin intentar arreglar nada.

  • Estar con una presencia continua, ser ancla EN ESA TORMENTA.

Todo esto le dará sentido de seguridad, pertenencia e identidad. Ten en cuenta que cada niño es único, que todos respondemos y reaccionamos de diferentes maneras y es la primera vez que se encuentra en esta situación tan difícil y extrema. Dependerá de nosotros que no lo marque negativamente en su vida presente y futura.


Entonces...

 

 “¿Qué SI  ayuda a un niños en duelo por una catástrofe como incendio?


  • Presencia constante: Estar a su lado, mirar a los ojos, tocar suavemente si lo permite. 

  • Validar emociones: Reconocer su miedo, tristeza, confusión sin minimizar sus sentimientos.

  • Pequeños espacios de control: Permitir decisiones simples, aunque sean mínimas.

  • Espacios propios: Posibilitarle un rincón o caja con objetos significativos.

  • Juegos y expresión creativa: Dibujar, dramatizar, contar lo ocurrido.

  • Participación activa: Permite que participe con la  limpieza, clasificación o pequeños arreglos a su ritmo.

  • Rutinas básicas: Intenta mantener horarios de sueño, comida, escuela si es posible.

  • Rituales simbólicosMotivarlo para escribir cartas, dibujos,mensajes, actos que den lugar a la pérdida.

  • Encuentros con profesionales o voluntarios: Intenta encuentros con bomberos, enfermeros, rescatistas.

  • Autorizar emociones contradictorias: Reír, jugar, llorar, enfadarse… todo es válido.

  • Repetición y paciencia: Permite que vuelva una y otra vez a lo ocurrido y acompáñalo.


“¿Qué  NO ayuda a un niños en duelo por una catástrofe como incendio?”


 Ignorar emociones: No escuchar, presionar o juzgar su llanto, miedo o enojo.

Exigir verbalización inmediata: Forzar a que cuente o explique lo ocurrido.

Forzar calma rápida: Apurar que “supere” la situación.

Proteger excesivamente: Impedir que participe de pequeñas acciones de recuperación.

Evitar hablar de lo sucedido: Ignorar el hecho o fingir que no paso

Comparar con otros niños: “Mira cómo otros lo manejan”. Estos comentarios  pueden generar culpa o confusión.

Necesitamos no quemarnos en el incendio, necesitamos seguir siendo referentes para ese niño que está incrédulo, inseguro y solo nos tiene a nosotros.

Debemos saber que el adulto presente  es el ancla emocional, no el solucionador de problemas. Con su presencia válida, acompaña, permite y abraza.


Así de importante somos para él en este momento presente.

 


En contextos de catástrofes —incendios, inundaciones, huracanes— los adultos solemos buscar respuestas rápidas:¿Qué decir? ¿Qué hacer? ¿Cómo ayudar sin dañar a nuestros niños?

La experiencia nos va enseñando algo esencial:los niños no necesitan adultos perfectos, necesitan adultos disponibles.

Disponibles para estar, para sostener, para nombrar sin dramatizar, para acompañar sin apurar.

El duelo infantil no empieza solo con la pérdida material, sino con la ruptura de aquello que hacía al mundo un lugar seguro.

Este texto reúne aprendizajes que se repiten una y otra vez después de distintas catástrofes. No son recetas, ni soluciones mágicas.Son formas de presencia que ayudan a los niños a no perderse a sí mismos cuando todo alrededor parece haberse perdido.

¿Qué está realmente bajo nuestro control cuando todo parece haberse perdido?


1. Marcar “un adentro”

El duelo infantil, como deciamos, no comienza solo con la pérdida, sino con la ruptura de algo que era seguro. Por eso, uno de los primeros gestos reparadores es ayudar al niño a volver a sentir que hay algo que le pertenece: una caja con sus cosas, un rincón para sus juguetes o libros, un espacio donde colgar dibujos o fotos. 

No se trata de reemplazar lo perdido, sino de reconstruir pertenencia; y estas pequeñas acciones serán lo que les devolverá esa sensación de control y seguridad.


2. Nombrar lo perdido sin dramatizar

No está mal decir: “tu bici se quemó”, “tu cuarto ya no está”. Nombrar lo ocurrido ayuda a que el niño pueda registrar la pérdida sin sentirse solo en ella.

Recuerda que frases como: “no pasa nada” o “lo importante es que estamos vivos”, suelen cerrar el diálogo y el sentirá que no está permitido sentir dolor. Tu hijo necesita sentir que lo que le duele es real y válido.


3. Permitir el relato

Si tu hijo puede hablar, escúchalo.

Si puede dibujar lo que siente, ofrécele colores.

Si lo representa en sus juegos, facilita ese juego.

Muchos niños necesitan volver una y otra vez a lo ocurrido: contarlo, dibujarlo, jugarlo. Es su forma de elaborar la pérdida.

También puede pasar que tus hijos no puedan o no quieran hablar y eso también está bien. El silencio en estos casos es una manera de decir, y estar cerca y respetarlo suele ser más reparador que insistir.


4. Sostener rutinas simples

Intentar mantener rutinas básicas —horarios de comida, sueño, escuela si es posible— no es una exigencia, sino una señal de continuidad. Esto,le mostrará que , aun en medio del caos, la vida conserva cierta estructura. Ayúdalo a que se integre nuevamente a ellas.


5. Autorizar emociones contradictorias

El duelo infantil no es lineal, como tampoco lo es el de los adultos, por eso pueden estar jugando en un momento como si nada y, de pronto, quedarse en silencio o mostrarse irritable. Esto no es una contradicción, es lo que se llama  duelo en movimiento.

No lo corrijas ni lo juzgues, déjalo ser.


6. Involucrarlos en arreglos sencillos

Permitir que participen en tareas simples —limpiar, organizar, clasificar objetos que se salvaron— los ayuda a sentirse parte de la familia, reconectar con el lugar y  expresar emociones desde la acción.

Recuerda , no todo necesita ser hablado; muchas emociones se tramitan haciendo, se su ejemplo.


7. Reunirse con profesionales de la emergencia

Encontrarse con bomberos, enfermeros, rescatistas o voluntarios puede ser muy reparador. Motivalo para que haga preguntas, se saque dudas, esto le ayudará a comprender lo ocurrido de una manera más  concreta, validará lo que esta viviendo y sintiendo y también y sobre todo, aumentará  su sensación de seguridad al hablar con estos profesionales.


8. Participar en rituales

En esta situación nueva para todos y conociendo los gustos de tus hijos, puedes proponer pequeños rituales:

.Plantar algo en honor a lo perdido,

. Hacer un collage o un dibujo con recuerdos,

. Escribir una carta a lo que ya no está.

Los rituales ayudan a nombrar la pérdida y darle un lugar, sin forzar procesos, al hacerlo juntos y al ir conversando a medida que lo van realizando, irás dando un espacio para poder comunicar sensaciones y emociones.


9. Ayudar a otros

Invita a tus hijos a ayudar —aunque sea de forma pequeña— les permite dejar de sentirse solo víctimas y reconocerse también como alguien que puede influir en el mundo.


10.Cuidarse como adulto

Recuerda siempre cuidarte primero a ti para poder cuidar a los demás. No llegues a sentirte desbordado porque tu hijo lo percibe más que nadie. Cuídate. Brinda y recibe ayuda, es otra manera de enseñarles el ser compasivo no solo con los demás sino con uno mismo, y esto no tiene precio.



 


No te protejas de tu dolor con un muro, hazlo con tus amigos. Escucha, comparte, siente...pero no en soledad.
No te protejas de tu dolor con un muro, hazlo con tus amigos. Escucha, comparte, siente...pero no en soledad.


El transitar la pérdida de alguien o algo importante es transitar una crisis existencial.

Esta crisis está llena de emociones, sensaciones, sentimientos y conductas que muchas veces compartidas puede ayudarnos a vivirlas y experimentarlas como un beneficio positivo, beneficio a veces muy sutil, otras muy marcado, pero siempre bueno.


Al decidir participar en un grupo, sentimos que poco a poco la soledad, el aislamiento y muchas veces la victimización se hacen más llevaderas.

El grupo se nos presenta como ese espacio seguro donde cada uno se transforma en alumno y maestro, se nos abre la mente y el corazón, nos ponemos en contacto con sentimientos que asustaban y aprendemos a sobrellevarlos.

Compartir, escuchar, expresar, estar en silencio, llorar, no juzgar y con el corazón abierto…

Todo esto forma parte de este transitar necesario que decidimos no hacer solos.


En un grupo, la presencia de ese otro que tambien sufre, quien era desconocido hasta ese momento, quien nos abre su corazón... nos une, nos enaltece, nos honra.

Y somos más empáticos, nos reencontramos con nuestra propia fuerza, nuestra propia valentía, también con una renovada generosidad, que a veces parecía que la habíamos perdido entre tanto dolor y preguntas.


Así, nuestra perspectiva se hace más grande y nos encontramos ofreciendo lo poco o mucho que tenemos en este momento, creando nuevos lazos, ampliando nuestra visión y nuestro sentir, latiendo juntos, acompañandonos, sosteniendonos en esta nueva vida que debemos comenzar a vivir y que, de este modo, por momentos , aunque sea por momentos, nos parece más llevadera.



 

 

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