Duelos en Catástrofes:2da. parte
- Renee Mathez | Life Coach

- Jan 31
- 3 min read
“Si la casa se quema, el adulto no debe quemarse también…”

¿Qué queremos decir con ello?
La casa representa todo lo que el niño ha perdido: objetos, rutinas y lugares seguros. Necesitamos para ello que en ese incendio el adulto que está a su lado no se pierda también. Ese adulto es su anclaje y si eso se pierde, los dos caerán en más incertidumbre, angustia y desesperación.
Si el adulto puede poner nombre a las cosas, puede sostener, puede estar, el niño no se pierde a sí mismo. El no necesita que le expliquen el fuego, el solo necesita que le hagan sentir que no todo se perdió.
"¿Cuáles son las pérdidas mas significativas que experimenta un niño en un incendio?
Objetos: Como por ejemplo, la bicicleta, la cama, los juguetes, sus libros.
Personas: Si el adulto que debe acompañar no está presente conteniéndolo, siente que pierde seguridad y se instala la sensación de que :“ ya nadie me protege”.
Rutinas: Al perder sus horarios, sus espacios seguros, los hábitos cotidianos y esto genera desorientación y sensación de caos, miedos.
“¿Qué debería entonces hacer el adulto?”
Si no deseamos que el niños se pierda en su dolor debemos ser capaces de:
Nombrar con palabras simples lo que ha pasado.
Sostener acompañar físicamente y emocionalmente al niño, sin intentar arreglar nada.
Estar con una presencia continua, ser ancla EN ESA TORMENTA.
Todo esto le dará sentido de seguridad, pertenencia e identidad. Ten en cuenta que cada niño es único, que todos respondemos y reaccionamos de diferentes maneras y es la primera vez que se encuentra en esta situación tan difícil y extrema. Dependerá de nosotros que no lo marque negativamente en su vida presente y futura.
Entonces...
“¿Qué SI ayuda a un niños en duelo por una catástrofe como incendio?”
Presencia constante: Estar a su lado, mirar a los ojos, tocar suavemente si lo permite.
Validar emociones: Reconocer su miedo, tristeza, confusión sin minimizar sus sentimientos.
Pequeños espacios de control: Permitir decisiones simples, aunque sean mínimas.
Espacios propios: Posibilitarle un rincón o caja con objetos significativos.
Juegos y expresión creativa: Dibujar, dramatizar, contar lo ocurrido.
Participación activa: Permite que participe con la limpieza, clasificación o pequeños arreglos a su ritmo.
Rutinas básicas: Intenta mantener horarios de sueño, comida, escuela si es posible.
Rituales simbólicos: Motivarlo para escribir cartas, dibujos,mensajes, actos que den lugar a la pérdida.
Encuentros con profesionales o voluntarios: Intenta encuentros con bomberos, enfermeros, rescatistas.
Autorizar emociones contradictorias: Reír, jugar, llorar, enfadarse… todo es válido.
Repetición y paciencia: Permite que vuelva una y otra vez a lo ocurrido y acompáñalo.

“¿Qué NO ayuda a un niños en duelo por una catástrofe como incendio?”
❌ Ignorar emociones: No escuchar, presionar o juzgar su llanto, miedo o enojo.
❌ Exigir verbalización inmediata: Forzar a que cuente o explique lo ocurrido.
❌ Forzar calma rápida: Apurar que “supere” la situación.
❌ Proteger excesivamente: Impedir que participe de pequeñas acciones de recuperación.
❌ Evitar hablar de lo sucedido: Ignorar el hecho o fingir que no paso
❌ Comparar con otros niños: “Mira cómo otros lo manejan”. Estos comentarios pueden generar culpa o confusión.
Necesitamos no quemarnos en el incendio, necesitamos seguir siendo referentes para ese niño que está incrédulo, inseguro y solo nos tiene a nosotros.
Debemos saber que el adulto presente es el ancla emocional, no el solucionador de problemas. Con su presencia válida, acompaña, permite y abraza.
Así de importante somos para él en este momento presente.



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